La Peza vuelve a ganar a los Franceses acompañados de numeroso público

Miles de personas vuelven a presenciar el Carbonero Alcalde en La Peza, cientos de ellas caracterizadas de la época. Un nuevo éxito que cada año repite el pueblo de La Peza.

El alcalde Manuel Atienza encabezó en 1810 la lucha de su pueblo contra la invasión de las tropas francesas usando un gran cañón de madera de encina.

La recreación anual de la batalla que emprendió hace dos siglos Manuel Atienza, conocido como el Alcalde Carbonero, frente a las tropas de Napoleón y que años después inspiró al escritor Pedro Antonio de Alarcón para un relato de sus “Historietas Nacionales”. De aquella cruel batalla y de la valentía de su famoso alcalde procede el lema actual de la localidad: “Yo soy la villa de La Peza, que muere antes de entregarse”.

La Peza se volvió a transformar en un pueblo de 1810, junto a todos sus vecinos, representando diversas escenas costumbristas en los lugares más emblemáticos de la localidad.

La crónica de Pedro Antonio

La recreación de la batalla del Alcalde Carbonero está basada en el relato homónimo de Pedro Antonio de Alarcón de sus “Historietas Nacionales” (1859) y surgió en el año 2010 para conmemorar el bicentenario de la contienda. Pero lo que comenzó siendo un evento único, se ha convertido en una típica fiesta de verano, un lugar de encuentro y participación de los propios lapeceños y un singular reclamo turístico del municipio, que atrae cada mes de agosto a cientos de visitantes de la comarca de Guadix y de toda la provincia de Granada. La crónica de Alarcón relata que en 1810 cuando llegaron las tropas napoleónicas al término de La Peza no esperaban encontrar ningún tipo de oposición, como había ocurrido en el resto de la comarca de Guadix, pero unos doscientos vecinos, “un pequeño ejercito de campesinos y carboneros”, armados de forma muy rudimentaria y con un cañón de encina como única arma, estaban esperándolos. Al ser usado el rudimentario cañón, estalló en mil pedazos, sembrando la muerte en ambos bandos y el pánico en el ejército francés, lo cual fue una “humillación tremenda”.